Ochenta años después de que las cámaras registraran el momento en que la humanidad intentó juzgarse a sí misma, Nuremberg: El Juicio del Siglo llega a la pantalla grande para recordarnos que comprender el mal es, quizás, la forma más urgente de combatirlo.

La pregunta que nadie quería hacer

Hay preguntas que la Historia evita porque su respuesta resulta demasiado incómoda. ¿Eran monstruos los hombres que ordenaron el Holocausto, o eran seres humanos perfectamente capaces de haber tomado otro camino? El director James Vanderbilt —conocido como guionista de Zodiac— se lanza de lleno a esa pregunta imposible y construye con ella una de las películas más perturbadoras y necesarias del año.

La historia sigue al teniente coronel Douglas Kelley (Rami Malek), psiquiatra del ejército estadounidense enviado a Núremberg con una misión aparentemente técnica: evaluar la salud mental de los 22 jerarcas nazis detenidos y determinar si son aptos para ser juzgados. Lo que nadie le advirtió es que su sujeto más fascinante, Hermann Göring —segundo al mando de Hitler, arquitecto de la Gestapo, mano derecha del Tercer Reich— resultaría ser un seductor intelectual de proporciones extraordinarias

El Duelo del Siglo: Crowe y Malek Frente a Frente

Si existe una razón para ver esta película en pantalla grande —y hay varias— esa razón tiene el rostro irreconocible de Russell Crowe. Su Göring es una obra maestra de contención y arrogancia calculada: no grita, no amenaza, no se derrumba. Razona. Seduce. Manipula con la precisión de quien sabe que la batalla más importante no se libra en el campo de batalla sino en la mente del otro. Crowe convierte al hombre más detestable de la sala en la figura más hipnótica del relato.

Rami Malek lo enfrenta con una intensidad casi obsesiva. Su Kelley comienza como observador clínico y termina atrapado en una zona gris donde la ética profesional choca frontalmente con la urgencia histórica. La confidencialidad médica entra en conflicto con la necesidad de justicia; la fascinación intelectual, con el horror moral. Vanderbilt filma estos intercambios en espacios cerrados, casi claustrofóbicos, sin música que guíe las emociones: el espectador queda solo con las palabras, y eso es exactamente lo correcto.

No es posible analizar clínicamente al responsable de atrocidades masivas sin que ese acto implique una forma de humanización. Ahí reside el verdadero juicio de la película.

Historia en el Banquillo: ¿Fue Justo el Juicio?

Lo que distingue a este filme de un drama judicial convencional es su valentía para cuestionar la propia empresa que retrata. El fiscal jefe Robert H. Jackson (un contenido y poderoso Michael Shannon) apuesta por un juicio público y documentado, convencido de que solo así la Historia podrá registrar los crímenes y sus responsables. Sin embargo, la película no oculta las tensiones internas de los aliados —algunos preferían ejecuciones sumarias— ni la paradoja de un tribunal cuyos jueces son, simultáneamente, parte interesada en el veredicto.

Göring, con la lucidez de quien no tiene nada que perder, lo dice en voz alta: este es un juicio de vencedores. Y el mérito del guion es no descartar esa acusación con demasiada facilidad. Nuremberg incomoda precisamente porque no se conforma con celebrar lo evidente. Se pregunta si el bien puede hacer daño cuando actúa sin escrutinio, y si los principios que justificaron los juicios pueden —o deben— aplicarse de forma universal.

Una Película para Hoy

La premiere mundial en el Festival de Toronto despertó una ovación de pie de cuatro minutos —una de las más prolongadas en la historia del TIFF— y no es difícil entender por qué. Hay algo en esta historia de hace ochenta años que golpea con particular fuerza en el presente: la tentación del poder sin límites, el peligro del nacionalismo extremo, la facilidad con que el odio puede institucionalizarse. Vanderbilt no traza paralelismos explícitos, pero los deja vibrar bajo cada escena.

El ritmo, sostenido durante sus 140 minutos, es un mérito notable para un drama de sala y despachos. Las escenas en que se proyectan imágenes reales de los campos de concentración paralizan la sala: no se escucha ni una bolsa de pororó. Eso, más que cualquier crítica técnica, dice todo.

Nuremberg: El Juicio del Siglo es un thriller psicológico de alto voltaje construido sobre uno de los eventos más decisivos del siglo XX. Con actuaciones que merecen estar en la conversación de los premios, una dirección que privilegia la palabra sobre el espectáculo y una valentía temática poco común en el cine histórico comercial, la película de James Vanderbilt no solo recuerda —interroga, provoca y, sobre todo, perdura. Una experiencia que exige la pantalla grande y el silencio cómplice de una sala de cine.

Cuenta con funciones diarias en Cineplaza a las 21:15 horas, compra tus entradas haciendo click aqui